El sol asciende ante toda luz, en búsqueda de un incipiente resplandor ante un amanecer que pudiera ser cintura, ombligo, curva horizontal de un declive en subida, trotando en una secuencia de cabellera negra, como un avatar ibérico o en cementado en colina, ante un segundo mes, una mitad de tiempo zumbante, en sombras, en discreto encanto melancólico de unos ojos que despiertan en los primeros rayos redondos que inundan la pupila que se moja con la humedad durmiente del bajo vientre.
Fotografia tomada por Ronaldo Pichardo

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